Nuestro carisma hoy

Nuestro carisma de caridad es un pequeño grano de mostaza, que en la huella de la Iglesia de hoy, a través de nosotros, tiene la posibilidad de desenvolverse, profundizarse, crecer. Volvemos a nuestras raíces, buscando nuevos aspecto del don que Padre Dario y Madre Eusebia recibieron en su inspiración originaria.
Padre Dario se hizo eucaristía viviente, sacerdote de caridad. Buscó “solamente a Dios” y fue toda compasión para la humanidad sufriente y abandonada, como María  totalmente abierta a Dios y toda ternura por la humanidad.
Padre Dario y Madre Eusebia buscaban la voluntad de Dios de rodilla, contemplando a Jesús crucificado, rechazado y abandonado. Por el costado  abierto de Jesús, conocieron el corazón de Dios y la grandeza de su amor para con todos los crucificados  y abandonados  que la historia puso en su camino. Sintieron urgente en ellos la exigencia de revelar  la gran ternura del corazón de Dios a los pequeños y a los últimos. A partir del corazón de Dios aprendieron  a mirar a los pobres como  a “las niñas de los ojos de Dios”.
Padre Dario y Madre Eusebia se sintieron llamados a dar vida a nuestra Familia de Hijas de San Eusebio en Vercelli (Italia), como continuidad  del Cenobio de las Santas vírgenes Eusebianas, dedicadas a la oración y a la diaconía de la caridad.
Iluminada por la Iglesia de hoy, con maravilla  redescubrimos  a San Eusebio como nuestro verdadero Padre e inspirador. Él  vivió una singular experiencia de  Iglesia y comunión en su cenobio, masculino y femenino, reproduciendo el modelo  de la primera comunidad de Jerusalén  descrita en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Fuertes en la fe enseñada por los Apóstoles, vivían  relaciones   trinitarias  en el misterio de Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, que en la Encarnación asumió nuestra  pobreza, intuyeron el camino de la divinización del hombre.
El Cenobio de ellos se alimentaba de la Palabra de Dios y de la Oración. El clima de comunión se irradiaba en la iglesia y contagiaba  también  los que estaban alejados de Dios. Eran concordes con María, como en el Cenáculo de Jerusalén.

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