Nuestra misión hoy

Mirando hacia el misterio del amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, aprendemos a vivir en la tierra como hijos hermanos.
Revelamos la grandeza y la ternura del Corazón de Dios para los más débiles de sus hijos, si hacemos personalmente y comunitariamente experiencia de su amor.
 La conciencia de que la Trinidad siempre opera, para comunicar con cada hombre y con toda la humanidad, enciende en nosotros el deseo del anuncio evangélico a todo hombre que la Providencia pone en nuestro camino.
Percibimos que la evangelización de los pobres es nuestra primera misión. La Palabra nos hace encontrar la humanidad pobre y nos hace consciente de la gran pobreza del hombre de hoy. Por eso sentimos  la urgencia de una personal y comunitaria evangelización, para que nuestro anuncio se haga experiencia y testimonio de amor.
Vivir en comunión, ser un solo corazón y una sola alma, se hace visible a los hermanos la Trinidad.
La Trinidad nos enseña a amar, “a cuerpo místico”. Todo hombre y la Humanidad entera nos pertenece. Aprendamos a hacer experiencia de Dios en los hermanos, y vivir constantemente con la Trinidad, que vive en nosotros y también con los hermanos.
Amar “a cuerpo místico” es amar a todos los hermanos, preferentemente  a los últimos, a los pequeños, los sufrientes, a los pobres… vivir relaciones trinitarias es pasar del servicio a los pobres a la comunión con los pobres y así se comunica a Dios. El hermano, en nuestra comunidad, debe sentirse” en casa”.
Todo hombre es precioso a los ojos de Dios, porque creado a su imagen y semejanza y llamado a la comunión eterna con él. El Papa Paolo VI  habla de “culto del prójimo”, eso viene de una estima de la persona humana tal, que se le da el primer lugar, la prioridad sobre toda otra realidad.
Jesús viendo a las muchedumbres, se conmovió porque eran ovejas sin pastor. Es esa mirada de compasión para lo más abandonados e indeseados que Dios continua a donarnos, como carisma viviente hoy. Nuestro servicio de caridad mide nuestra  fidelidad esponsal a Jesús: servir a los pobres es servir a él (Cfr. Mt 25,35-36).
Jesús nos reveló las profundidades del amor del Padre y devolvió a todo hombre la plena dignidad de hijos de Dios. Con esta conciencia y en el ejercicio de la  caridad, acojamos cada hombre como nuestro hermano y como hijo de Dios. Esta fe inspira nuestras actitudes interiores y nuestro servicio. Nadie entre nosotros es maestro, nadie es superior al otro, la verdadera grandeza es ser pequeño al servicio de todos.

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