Llegó la prueba

En los  primeros años de fundación nos esperaba una gran prueba muy dura, fue la prueba del fuego, de la cual salimos  por la gracia de Dios, porque jamás buscamos otra cosa que no sea por la gloria de Dios.
Las pruebas que el buen Dios nos quiso enviar venían de las autoridades eclesiásticas de la ciudad. Unos Padres influenciaron tanto al Arzobispo, que pudieron poner en práctica sus planes para perjudicar la nueva Fundación: ellos querían que el Padre Fundador y las hermanas renunciaran a todo lo que tenían en beneficios de algunos Padres de la Diócesis.
Lo que la autoridad Eclesiástica quería contra nosotras venia del maligno. Los encargados de hacer esta persecución eran sacerdotes que buscaban como realizar su  intento, a decir, destruir la obra de Dios. Consiguieron en parte, pues lo que buscaban era instilar en el corazón de las hermanas el desorden, de manera que se hicieran indisciplinadas delante de sus Superiores.
 Su finalidad era que las hermanas perdieran el respeto y la veneración para con los Fundadores: Padre Dario y Madre Eusebia.
En el año 1907, Padre Dario fue suspendido “a divinis” o sea le fue prohibido de celebrar la Santa Eucaristía. En este tiempo fue mandado por su retiro espiritual con los Padres Jesuitas. A su retorno, presionado por las autoridades eclesiásticas, el Padre Dario Bognetti  hizo la renuncia de todos sus bienes, así como quería el Arzobispo.
 Luego el día siguiente él recibió el decreto de retomar la celebración de la Santa   Eucaristía.
Nuestro Venerado Arzobispo, quería que también las hermanas renunciaran a sus bienes. La Divina Providencia guió todo según la voluntad de Dios. Él ordenó al Padre Dario de dejar la casa  y pasar a celebrar en una iglesia de la ciudad. A la Madre Eusebia fue prohibida de hacer funcionar la Capilla.
Por tres años nos quedamos sin  Jesús sacramentado en nuestra pequeña capilla. No obstante eso, los pobres aumentaban siempre más y las hermanas también para atender a los enfermos.
Después de mucho dolor y sufrimiento, por fin llegó la paz: el Arzobispo se reconcilió con nosotros, diciendo que todo lo que  nos pasaba era simplemente un “mal entendido”.
La Congregación florecía siempre más, bajo la bendición de Dios y la orientación de sus Fundadores: Padre Dario y Madre Eusebia.
                                                                            (Da autobiografía de la Fundadora)

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