La fe en María de Madre Eusebia

Un día, en el 1908, apareció una mujer pobre de Stroppiana Vercellese, madre de 7 hijos. El último era hidrocéfalo. Ella no tenia medio para tratar del pequeño y suplicaba que nosotros, hermanas, lo aceptáramos en nuestra casa. En aquel momento no había cupo. Dijimos que tuviera un poco de paciencia y ella volvió a su casa.

En el mismo día vino de Biella la hermana Novella. Luego que llegó se fue a descansar: tenía fiebre muy alta. Llamamos al médico, doctor Prestinari. La examinó y dijo no poder diagnosticar la enfermedad.

Comprendimos que el estado de la hermana era muy grave. Pidió que no la dejáramos sola y que tomara solo hielo en la boca. Estábamos todas angustiadas.

En día siguiente el médico volvió y dio su sentencia: “lamentablemente la hermana está con cáncer en la boca y no puede ser operada”. Moriría muy pronto. Dijo también que avisáramos a los parientes por que la hermana no pasaría el día. Yo dije mientras: ” ¿Será que la Virgen María no podría hacer un milagro?” el médico dijo que estaría muy contento si eso pudiera acontecer. Y se fue.

En cuanto yo estaba tratando de comunicar con los parientes, la hermana portera vino a decir que la tal mujer con la niña hidrocéfala estaban de vuelta.

Pensé conmigo misma: ”Voy a tratar hablar con la Virgen María!”. Bajé y me fui hasta la imagen de la Virgen María y dije: ”Pequeña Madre celeste, tu sabes cuanta pena y dolor yo tengo en mi pobre corazón. Sí, es verdad que nada merezco, pero tu dijiste que cualquier cosa pidiera, tu lo habrías escuchado”.

Fui hasta la puerta, continuando a rezar: ”Pequeña Madre del cielo, Tú debes concederme la gracia de curar a la hermana Novella, porque ella debe de cuidar al pequeño sufriente. Yo te imploro, debes de curarla”.

Me pareció que la Virgen me dijera que “sí”, y fui hasta la portería. En el mismo instante que tomé a la niña en brazos, la hermana Novella empezó a cantar: ”Estoy curada”. Todo el mundo corrió hacia ella. ”Estoy curada. La Virgen María me sanó”, repetía la hermana. Las demás hermanas vinieron alegres a mi encuentro diciendo: “Madre, ya no se preocupe, la hermana Novella está curada”.

Ellas nada sabían de mi oración, con la niña en los brazos fue hasta la Virgen María para agradecer del milagro. Asi la hermana pudo cuidar a la niña y muchos otros sufrientes.

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