El Concilio de Milano

Al final del año 354, Lucífero, Obispo de Cagliari y dos eclesiásticos romanos, se presentaron a Eusebio en su casa de Vercelli para entregarle  un mensaje de Papa Liberio. Conociendo su firme fe y su adhesión a la sede apostólica, el Papa invita  Eusebio a unirse a sus delegados para ir  donde el Emperador Constanzo y obtener el consenso y poder celebrar otro Concilio para que fuera corregida todo lo que dañó la fe católica.

Constanzo aceptó la propuesta de un nuevo concilio, mas estableció la sede en Milán, por el lugar donde el había mudado su residencia.

En el año 355 se reunieron cerca de cien obispos, la mayoría eran de occidente, con el mismo grupo de los servidores del Imperador.

Eusebio no fue; su ausencia parecía muy grave y desconcertante. El Papa Liberio lo exhortó a ir a Milán. Lucífero encontrándose en dificultad presentó como indispensable y urgente su presencia. Eusebio ni se movió, desaprobando con su ausencia la sede del Concilio, impuesta por el Emperador, donde todo se haría desarrollado como en Arles.

Constanzo envió cuatro delegados a Eusebio invitándolo a suscribir sus decisiones conciliares, y aprobadas por 30 firmas y de condenar “el sacrílego Atanasio”.

Eusebio respondió con un breve mensaje: “Eusebio a Constanzo, saludos. Clementisimo Emperador, veo que tu espíritu, devoto a Dios, persigue este objetivo: garantizar una paz segura para la Iglesia sobre toda la tierra. Por eso recibí con alegría su carta. Recibí también de parte de mis hermanos obispos un mensaje, atreves de el manifestaban su intención de relatarme lo que sucedió en el Sínodo y, así convencerme en adherir a su voluntad. Pero todo eso no fue del todo bien claro, pienso sea necesario ir a Milán.

Cuando estaré en tu presencia, Emperador y Señor, prometo hacer lo que parece justo y agradable a Dios. Dios te guarde, glorioso Emperador”.

El partido arriano ya dominaba el Concilio. Cuando fue invitado a condenar Atanasio, Eusebio contestó  que primero se debían afirmar la fe ortodoxa de los presentes con la subscripción del símbolo Niceno.

Dionigi, Obispo de Milán, fue el primero que se acercó para firmar, mas le fue sacado de la mano el papel y el lápiz. Fue un desacuerdo abierto; Constanzo impuso a Lucífero, Eusebio y Dionigi a condenar Atanasio, mas ellos rehusaban de condenar a un ausente. Entonces el Emperador mandó a los tres en exilio: Eusebio a Scitopoli y Palestina, Lucífero en Capadocia y Dionigi en Armenia, donde murió.

El Papa Liberio escribió una carta conmovedora a los exiliados, saludándolos como confesores y mártires. El mismo Papa después fue también enviado en exilio. Atanasio se refugió entre los monjes del desierto.

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