Ario y las herejias arianas

Ario, sacerdote de Alejandría de Egipto negaba la divinidad de Jesucristo. Decía que el Hijo no es eterno como el Padre no es engendrado más bien creado. Jesucristo, según Ario, no es el Verbo de Dios encarnado, verdadero Dios y verdadero Hombre, como la Iglesia enseñaba ya desde el inicio de la evangelización de los Apóstoles y según los textos inspirados de la Sagrada Escritura.

En breve tiempo la herejía se expandió en todo el Oriente provocando fuertes reacciones en la jerarquía, en la Iglesia, en los monasterios y en el pueblo de Dios. En el 325 el Concilio de Nicea definió con autoridad la doctrina católica sobre los puntos contestados y reafirmó la fe en Jesucristo Unigénito Hijo de Dios, generado, no creado consustancial al Padre, por El todo fue hecho en el cielo y en la tierra.

Más; tarde algunos Obispos se manifestaron en desacuerdo con los documentos conciliares dando asi origen a un inmenso movimiento de corrientes heréticas, apoyadas por el Emperador Constanzo que se consideraba Obispo de los Obispos aun fuese solo un simple catecúmeno.

En el Occidente el nombre de Eusebio de Vercelli era bien conocido por todos aquellos valiosos defensores de la doctrina católica contra los arianos.

El Papa Liberio en el  353 vio la necesidad de convocar otro concilio celebrado en Occidente; el Emperador dio su consentimiento a condición de que fuera celebrado en la ciudad de Arles, en  Francia, donde él vivía. Aquí los Obispos de la corte del Emperador impidieron las discusiones e impusieron la condena de Atanasio, Obispo de Alejandría de Egipto indomable confesor de la doctrina de Nicea, contraria al Emperador que lo consideraba su enemigo personal. Solo San Paolino no aceptó  esta imposición y pronto fue mandado en exilio en Frigia donde murió.

Muchos funcionaros del Emperador se esparcieron en las provincias de Italia para imponer a los Obispos, ausentes de Arles, de subscribir la condena de Atanasio. Eusebio dejó  inmediatamente la ciudad de Vercelli para refugiarse con algunos discípulos en la colina de Crea para escaparse de la imposición imperial, y pasado el peligro, volvió a su sede.

Leia também