La fundación a Vercelli

“En el 1898 llegó a mi dirección una  carta del Rev.do Padre  Dario  Bognetti  de la Diócesis de Vercelli. Me preguntaba por qué había abandonado la Pía Casa del Santo Natal de Turín, donde estaba tan contenta y tranquila, sirviendo al Señor. “confieso, continuaba, que me habría persignado tres veces, más  ¡nunca habría  podido creerlo, que usted con tanta facilidad saliera en el mundo!

Contesté a aquella carta con pocas palabras diciendo que no era  mi voluntad volver al mundo, de  hecho ice lo posible de mi parte para quedarme en aquella Santa Casa que tanto amaba; pero aun así la voluntad Divina  dispuso de otra manera  y yo respondí con resignación cristiana: ¡En todo se haga la voluntad de Dios! Sepa pero que no estoy sola más bien tengo conmigo a otras jóvenes. Cuando quiera venga a visitarnos, su visita será para nosotras de gran consuelo y gozo “.

Después de algunos meses la Curia de Milán se interesó de nosotras, porque quería que en la Diócesis de Milán naciera una Institución de caridad que se dedicara a la humanidad sufriente .Yo contesté que un rev.do Sacerdote de la Diócesis de Vercelli tenia la misma intención y voluntad, o sea, de servir a los pobres e infelices que son como a la niñas de sus ojos, como también realizar otras obras de caridad y de educación según nuestra fuerza; por eso quiere llevarnos a Vercelli porque en esta ciudad no hay obras dedicadas a los pobres. El dará inicio a “la Obra cuando tendrá la Bendición de su Arzobispo”. Mientras se esperaba el consentimiento deseado, el Buen Padre Dario Bognetti me envió a Milán unas jóvenes que se unieran  a nosotras para realizar obras de caridad y santificarnos.

Finalmente, después de tanto esperar y suspirar, llegó la respuesta, y a decir la verdad, no puedo describir la pena que sentí en mi corazón cuando tuve que dejar mi amada ciudad, donde todos nos amaban, nos ayudaban e querían mucho.

Llegamos a Vercelli el 29 de marzo de 1899 y aquí, tanto yo como el Padre Dario y nuestra primeras hermanas empezamos nuevamente la Obra ya iniciada, poniéndonos bajo la Divina Providencia y la protección de Jesús y María  Santísima y san José y de nuestro glorioso padre San Eusebio.

Y muy pronto los pobres empezaron a tocar a la puerta….

Buscamos una casa más grande para poder acoger  os pedidos tan numerosos de los pobres e infelices que necesitaban de nuestra caridad; eran ancianos, cojos, enfermos físicos y psicológica; niña paralítica, hidrocéfalo y otros abandonados por sus padres.

La Casa Eusebiana abrió los brazos para acoger á los pobres de Jesucristo y a nadie nunca se le negó pan y acogida”.

(Desde la autobiografía de Madre Eusebia –Fundadora)

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