Familia y juventud

Estatua de Santa Restituta
Mientras la persecución de Diocleciano y Maximiliano aterrorizaban Roma, el Padre de Eusebio fue tomado, preso desde África hacia Roma. Antes de llegar a su destinación murió dejando a su esposa de nombre Restituta, una hija la cual se distinguía por su virginidad, y un único hijo varón.

Nacido de una familia noble de la Cerdeña vino a Roma donde fue bautizado por el Papa Eusebio el cual le puso su mismo nombre. Durante las persecuciones contra los cristianos los sobrevivientes enterraban con veneración los cuerpos de los mártires en las catacumbas; los cristianos bajaban con frecuencia en las catacumbas para rezar por sus familiares. Después que el emperador Constantino dio la libertad de culto a los cristiano en el año 313, en el periodo en que San Eusebio estaba en Roma, las catacumba se hicieron centro de veneración de los santos Mártires.

Eusebio, visitando en las catacumba las tumbas de muchos mártires anónimos, rezaba y pensaba en su futuro; ¿el también habría podido testimoniar su fe con la vida? Era una hipótesis que todos los jóvenes de aquella época se ponían.
San Eusebio se distinguía no solo por la fe en Cristo Jesús, más bien aprendió también las Artes liberales y enseñaba con competencia la Sagrada Escritura porque su sabiduría era mucho más grande que su edad. En este tiempo Eusebio fue ordenado Lector de la Iglesia de Roma; lo que él creía con el corazón lo enseñaba con las palabras y, en su larga permanencia en Roma, sirvió al Señor en el ejercicio prudente y ferviente de este ministerio.

El pueblo era contento de Eusebio, escuchaba con gusto e intereses, enseñanza y todos los respetaban. Este siervo de Dios enseñaba con autoridad.

Crucifixo venerado en la Catedral de Vercelli
Expone su doctrina con autoridad quien practican con las obras lo que enseña con la palabra.

El lectorado a los tiempos de Eusebio era el inicio ordinario de la vida eclesiástica. Al lector le tocaba leer la Biblia, cantar los versos i bendecir el pan y todos los nuevos frutos. El ministerio de Lector era conferido por el Obispo que entregaba el libro de las escrituras y decía: “Toma y seas anunciador de la Palabra; si cumples esta tarea con fidelidad y provecho tendrás parte con aquellos que sirvieron la Palabra de Dios.”

A Roma, en los años que Eusebio estaba allí, la escuela de los lectores se hizo una especie de seminario. Muchos lectores se hicieron presbíteros, Obispos y hasta Papa.

Eusebio fue enviado a Vercelli, región del Norte de Italia, como Obispo de aquella Iglesia naciente; allá organizó la vida del clero, trabajando incansablemente para llevar a aquellos pobladores la buena noticia del Evangelio. El contexto pagano exigió pastores santos y misioneros incansables.

¡Eusebio era la persona justa por este trabajo de evangelización!.

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